Entornos libres de humo: NO existe el vapeador pasivo y la equiparación de lugares de consumo del vapeo con los del tabaco por combustión NO está justificada

NO existe el vapeador pasivo – el vapor NO es humo

 

  • No hay evidencia de que el vapeo de segunda mano sea una amenaza para la salud del público que se encuentra cerca de la persona que está vapeando.

 

  • El vapor exhalado (aerosol) por el usuario es de una toxicidad tan baja que no tiene impacto en las personas del entorno, por lo que se concluye que NO existe el vapeador pasivo.

Los cigarrillos electrónicos calientan un líquido a través de una pequeña resistencia que está dentro de un atomizador, convirtiendo dicho líquido en un aerosol que es el vapor que se ve. El aerosol del cigarrillo electrónico no contiene monóxido de carbono ni alquitrán, y las minúsculas partículas del aerosol son líquidas en lugar de sólidas.

 

Los niveles de sustancias tóxicas son ínfimos en comparación con los que se encuentran en el humo producido por el tabaco por combustión, lo que significa que los peligros del vapeo de segunda mano son drásticamente menores y están muy por debajo de los límites establecidos como seguros por las distintas agencias reguladoras. Cuando alguien vapea, el aerosol que sale de la boca es el único aerosol de segunda mano existente, no hay humo ni aerosol de flujo lateral.

A diferencia del cigarrillo tradicional, en el que la combustión hace que se produzca humo de manera continuada e independiente del hecho de que se fume o no, con el cigarrillo electrónico sólo se creará el aerosol cuando el usuario lo active (entre 2 y 3 segundos). El usuario tiene que inhalar para producir vapor y, al exhalarlo, casi la totalidad de las sustancias que estaban en el vapor inhalado son absorbidas por las mucosas de la boca, garganta y los pulmones del propio usuario.

 

Lo que exhala el usuario es de una toxicidad tan baja que no tiene impacto en las personas del entorno, por lo que se concluye que no existe el vapeador pasivo.

Aparte del propilenglicol y la glicerina (PG y VG), los dos glicoles que constituyen la base de prácticamente todos los líquidos para vapear, lo que los vapeadores exhalan en el aire no contiene niveles perceptibles de ninguna sustancia tóxica. Según el toxicólogo de la Universidad de Drexel, Igor Burstyn, si bien el contenido del vapor de los cigarrillos electrónicos inhalados por los usuarios “justifica un seguimiento”, hay tan poca contaminación en el aerosol exhalado que es poco probable que haya algún riesgo para los transeúntes. Lo que no se inhala se disipa en el ambiente y cae al suelo con mucha rapidez[1]. El contenido tóxico del aerosol del cigarro electrónico es 1/1000 de la masa inhalada. Esto supone que los usuarios inhalan más compuestos metálicos y otras toxinas por la contaminación del aire que por vapear.

En cuanto a la «nicotina de tercera mano», es decir, la que no es absorbida por el usuario y queda en superficies, es prácticamente nula. Según un estudio de la Universidad de California-San Francisco de 2016, el usuario retiene el 93,8 % de la nicotina inhalada y no forma parte del vapor exhalado.[2]

Según los investigadores del Royal College of Physicians en su revisión integral sobre el cigarrillo electrónico (2016)[3]: «La nicotina del vapor exhalado se puede depositar en las superficies, pero en niveles tan bajos que no existe un mecanismo plausible por el cual dichos depósitos puedan ingresar al cuerpo en dosis que pudieran causar daño físico«.

 

Las partículas exhaladas del cigarrillo electrónico son líquidas, en lugar de sólidas y líquidas como lo son las del humo del tabaco, existiendo unas diferencias clave en su composición química y en su volatilidad (la capacidad de evaporación). Las partículas del humo del tabaco son predominantemente no volátiles y las del vapeo volátiles; las del cigarrillo electrónico se evaporan muy rápidamente y las del humo del tabaco permanecen (aunque en exteriores incluso las del humo se disipan). Por lo tanto, las partículas que exhala un vapeador no afectan a la calidad del aire en absoluto. En un estudio de la Universidad de California-San Diego de 2017 que analizó el aire en 193 hogares de familias de ingresos bajos, los investigadores encontraron que fumar tabaco/marihuana, cocinar e incluso encender velas sí afectaban al recuento de partículas en los hogares y a la calidad del aire. Sin embargo, en los hogares en los que sólo se utilizaba el cigarrillo electrónico (43 hogares) las partículas no fueron cuantificables ya que no afectaba en nada a la calidad del aire interior.[4]

Incluso se han hecho estudios del aire en tiendas de vapeo y se ha podido demostrar que los niveles de sustancias tóxicas están muy por debajo de los límites de exposición ocupacional. De hecho, el National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH, una agencia de los CDC) pudo comprobar que en una tienda donde 13 clientes estuvieron vapeando a lo largo del día, los químicos saborizantes y el formaldehído medidos en el aire estaban todos por debajo de los límites de exposición permitidos, y la nicotina estaba prácticamente ausente en las muestras[5].

 

En la revisión actualizada sobre los cigarrillos electrónicos por Public Health England (2018)[6], los expertos analizaron varios estudios nuevos, posteriores a su informe inicial de 2015, sobre la exposición pasiva al aerosol del cigarrillo electrónico y concluyeron, nuevamente, que «hasta la fecha no se han identificado riesgos para la salud del vapeo pasivo para los transeúntes«.

 

De manera análoga, hemos visto cómo en diferentes regiones de la UE, la pandemia Covid-19 ha llevado a aplicar legislaciones antitabaco que se han extendido al vapeo sin que el aval de la evidencia científica amparara tal equiparación. Según un riguroso estudio reciente, las emisiones del cigarrillo electrónico en interiores representan un «riesgo adicional insignificante» de propagar el Covid-19. El aerosol exhalado representa un aumento mínimo del riesgo con respecto a la respiración continua en escenarios domésticos y de restauración con ventilación natural y mecánica: un 1% vapeando normal, contra un 260 % ​​si se habla o se tose. En dicho estudio consideraron que no es necesario tomar medidas preventivas adicionales a las ya prescritas (separación de 1,5 m y uso de mascarillas) para proteger a los transeúntes de contagiarse.[7] Desde Anesvap, rechazamos frontalmente este tipo de prácticas que, desde una ciencia sesgada, pretenden transmitir al consumidor la falacia de que el vapeo y el tabaco por combustión son lo mismo.

 

Conclusión: la equiparación de los espacios de consumo manda el mensaje equivocado

Desde ANESVAP, siempre defendemos el uso del sentido común de los usuarios a la hora de vapear en espacios públicos. Por muy inocuo que sea el vapor exhalado, cuando se trata de su consumo en lugares públicos, defendemos un uso dentro del respeto a los no vapeadores, especialmente a los menores.

¿Significa eso que se deban equiparar legalmente los espacios de consumo del vapeo con los del tabaco por combustión? Por supuesto que no.

 

La equiparación legal de los lugares de uso del vapeo con los del tabaco por combustión manda un mensaje erróneo y falso: que vapear y fumar son igual de perjudiciales, cuando fumar es verdaderamente perjudicial y mata, y el cigarrillo electrónico es exactamente lo contrario. Este mensaje opera directamente en contra del principio de reducción de daños y puede confundir y desanimar a muchos usuarios que han tomado la decisión de abandonar o reducir el tabaquismo mediante el vapeo.

 

La prohibición de vapear en exteriores es un acto de extrema prepotencia tecnocrática que carece de la más mínima justificación sanitaria. Es más bien un intento de ingeniería social para eliminar una conducta. La idea es generar repulsión entre la población hacia esa conducta (la «desnormalización» del acto y conducta de fumar). En interiores, y antes de la irrupción del cigarro electrónico, hubo una justificación sanitaria de este intento, ya que el acto de fumar sí afecta a terceros. Sin embargo, con el vapeo esta conducta ya no causa daños a terceros, como mucho podría ser comparable a oler un perfume algo fuerte o velas aromáticas.

 

Por tanto, en conclusión, los espacios sin humo del tabaco no deben aplicarse de la misma manera a los cigarrillos electrónicos. El vapor exhalado no es humo ni afecta a las personas del entorno ni contamina la calidad del aire. Los espacios libres de humo no deben ser de aplicación a los productos de nicotina de riesgo reducido y se deben considerar las diferencias de toxicidad entre el humo y el vapor.

 

[1] Igor Burstyn. BMC Public Health. Peering through the mist: systematic review of what the chemistry of contaminants in electronic cigarettes tells us about health risks. Link

[2] St Helen G, Havel C, Dempsey DA, Jacob P 3rd, Benowitz NL. Nicotine delivery, retention and pharmacokinetics from various electronic cigarettes. Addiction. 2016 Mar;111(3):535-44. doi: 10.1111/add.13183. Epub 2015 Nov 11. PMID: 26430813; PMCID: PMC4749433. Link

[3] Nicotine without smoke. Tobacco harm reduction A report by the Tobacco Advisory Group of the Royal College of Physicians. Link

[4] Klepeis NE, Bellettiere J, Hughes SC, Nguyen B, Berardi V, et al. (2017) Fine particles in homes of predominantly low-income families with children and smokers: Key physical and behavioral determinants to inform indoor-air-quality interventions. PLOS ONE 12(5): e0177718. Link

[5] Evaluation of Chemical Exposures at a Vape Shop. U.S. Department of Health and Human Services

Centers for Disease Control and Prevention National Institute for Occupational Safety and Health. Link

[6] Evidence review of e-cigarettes and heated tobacco products 2018: A report commissioned by Public Health England. Link

[7] Sussman, R.A., Golberstein, E. & Polosa, R. Analytic modeling and risk assessment of aerial transmission of SARS-CoV-2 virus through vaping expirations in shared micro-environments. Environ Sci Pollut Res (2022). Link

 

i. Normativa nacional – Ley frente al tabaquismo

Abril-junio 2021

En el curso de los meses entre abril y junio de este año, el gobierno tiene previsto iniciar la reforma de la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo. Se trata de la conocida como Ley Antitabaco. Actualmente, esta ley prohíbe el vapeo en determinados espacios públicos, tales como los centros de las administraciones públicas, los centros sanitarios, los centros docentes, los medios de transporte públicos, etc. Sin embargo, el gobierno, desoyendo la evidencia científica y en contra de los derechos de los usuarios, pretende reformar la ley para equiparar los dispositivos susceptibles de liberación de nicotina con el tabaco tradicional.

Hay que evitar que el gobierno equipare los nuevos productos de liberación de nicotina de riesgo reducido con los productos de tabaco por combustión. Esto implica que:

– Las restricciones NO deben ser las mismas

– Los impuestos NO deben ser los mismos

– La prohibición de aromas y sabores NO debe afectar a los vaporizadores personales

– La publicidad de los vaporizadores personales DEBE permitirse siempre que esté dirigida al fumador adulto y cumpla con los principios de protección del menor

– La venta online de productos del vapeo DEBE permitirse con canales eficientes para la verificación de la edad en el momento de la entrega

ii. Normativa autonómica

Baleares, Cataluña y el camino a evitar del País Vasco

Tan importante como la regulación nacional es la regulación a nivel autonómico. Debemos evitar que los gobiernos autonómicos promulguen leyes que equiparen vapear con fumar. Lamentablemente, este ha sido el camino elegido por el legislador autonómico en el País Vasco, en la polémica y detestable Ley de Adicciones y Drogodependencias y que ignora el principio de reducción de daños y, por tanto, ataca los derechos y la salud de los usuarios. Todavía estamos a tiempo de evitar que otras Comunidades Autónomas sigan el erróneo camino del País Vasco. Son especialmente preocupantes las propuestas regulatorias en Baleares y Cataluña.

En Baleares, el Anteproyecto de ley sobre el abordaje integral de las adicciones establece: “Además de los productos del tabaco tradicionales, últimamente han surgido productos relacionados con el tabaco que son tan perjudiciales como el tabaco tradicional, según nos muestran los estudios científicos publicados, entre los cuales se encuentran los cigarrillos electrónicos o dispositivos de liberación de nicotina y sus envases de recarga”. Esta propuesta es del todo inaceptable por su ignorancia en relación con los debates científicos sobre el vapeo, así como por las indeseables consecuencias que puede tener sobre la salud de los usuarios y de aquellas personas que todavía fuman y podrían beneficiarse de estos productos.

En la misma línea parecen avanzar las propuestas regulatorias en Cataluña, donde la Memoria preliminar del Anteproyecto de ley de adicciones también sugiere una equiparación de la regulación de los nuevos dispositivos como los cigarros electrónicos o aparatos de tabaco sin combustión, a la de los productos convencionales del tabaco. Debemos llevar el principio de reducción de daños por tabaquismo a los debates del Parlamento balear y el catalán y participar activamente en todos los procesos abiertos de consulta.

i. Directiva de impuestos especiales

 

Abril-diciembre 2021

 

La Directiva 2011/64/UE, que establece unos impuestos mínimos sobre el tabaco en todos los estados de la UE, está siendo revisada por la Comisión Europa y se espera que se adopte una nueva norma para finales de este año 2021. La norma actual no afecta a los productos del vapeo, cuya fiscalidad es determinada por los estados miembros de la UE. Sin embargo, en el marco de esta revisión, la Comisión Europea está planteándose establecer unos impuestos en toda la UE que afecten a la fiscalidad de los cigarrillos electrónicos y los nuevos productos de tabaco (incluyendo líquidos para los cigarrillos electrónicos, cápsulas, etc.). Por la salud de todos los que quieren dejar de fumar o reducir el consumo, es imprescindible que la fiscalidad del vapeo no se equipare con la del tabaco tradicional, generalmente mucho más alta. De lo contrario, muchos usuarios de vaporizadores personales volverán a fumar, lo cual va completamente en contra de nuestros principios de reducción del daño. La Comisión Europea ha abierto una consulta pública en la que debes participar y alertar del peligro de una fiscalidad alta para el vapeo.

 

ii. TPD 3

 

Mayo de 2021

 

La nueva TPD 3 (Directiva de los Productos del Tabaco, por sus siglas en inglés) comenzará a tomar forma a partir de Mayo de 2021, que es la fecha límite que se establece en la directiva TPD 2 para la publicación del informe relativo a su aplicación. Este informe marcará el camino para la adopción de la denominada TPD 3, que será la piedra angular de la regulación del vapeo en la UE y en todos sus estados miembros. Es por eso por lo que es trascendental que dicho informe sea neutral y se base en la evidencia científica en lo relativo a los productos del vapeo. Actualmente, la TPD 2 regula los productos de liberación de nicotina de riesgo reducido estableciendo requisitos de seguridad, calidad y notificación, así como los límites de concentración máxima de nicotina y de los contenedores. Es muy probable que dicho informe llame a una mayor armonización y, por tanto, una mayor regulación sobre los los cigarrillos electrónicos en la TPD 3. Sin embargo, para los derechos y la salud de los usuarios, es esencial que la nueva norma se guíe por los siguientes principios:

 

– NO a la equiparación de los nuevos productos liberadores de nicotina de riesgo reducido con los productos tradicionales del tabaco por combustión

– NO a la prohibición de aromas y sabores en los líquidos de los vaporizadores

– SÍ al principio de reducción de daños

– SÍ a la publicidad de los productos del vapeo para los fumadores adultos 

 

iii. Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer y Comisión BECA del Parlamento Europeo

 

Febrero de 2021 en adelante

 

Aprobado el 4 de febrero de 2021, el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer tiene como objetivo reducir la población europea consumidora de tabaco por debajo del 5% para el año 2040. No podemos ni queremos discutir la legitimidad de este objetivo. De hecho, desde el principio de reducción del daño, creemos sinceramente que podemos contribuir a conseguirlo. Sin embargo, sí debemos oponernos a la equiparación de los productos del vapeo con los productos tradicionales del tabaco, tal y como se desprende de la redacción del Plan actual. Debemos permanecer atentos a los desarrollos en la Comisión Especial para la Lucha contra el Cáncer del Parlamento Europeo (Comisión BECA, por sus siglas en inglés) que será muy relevante para la evolución del Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer y de todas las a nivel UE. Debemos garantizar que la Comisión BECA sea consciente del principio de reducción de daños y que proporcione una imagen veraz del vapeo.

i. Normativa nacional – Ley frente al tabaquismo

 

Mayo – Noviembre 2021

El Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud es un tratado ratificado por 182 países, entre ellos todos los estados miembros de la UE y la propia UE. COP 9 significa «Novena conferencia de las partes». Esta Conferencia tendrá unas reuniones preparatorias durante los meses de mayo y junio y tendrá una reunión final en el mes de noviembre. En esta Conferencia se producen normas y objetivos marco a nivel global que tienen un impacto muy relevante sobre las legislaciones de la UE y las de los estados miembros. Esto es especialmente relevante para la futura TPD 3 (por sus siglas en inglés) que comenzará a tomar forma una vez se publique el Informe sobre su norma predecesora, la TPD 2. Es esencial que el principio de reducción del daño llegue a la COP 9 y a la UE que representa la posición común de los estados europeos en la Conferencia.